jueves, 16 de julio de 2009

ELEGÍA




Cuando mis manos infantiles, hijas de tus manos apenas tocaban el mundo por vez primera, ya las tuyas lo llenaban con el canto de tu espíritu.
Cuando mis manos asían por primera vez torpemente una guitarra, junto a mí estaban tus dos sabias manos guiando mis primeras esperanzas.
Cuando mis manos crecieron y se hicieron fuertes como la roca, moví y transformé el mundo para que tus manos, madre, volaran ligeras.
Cuando nos dejaste madre, mis manos duras y curtidas se transformaron en dos suaves flores con las que acaricio por siempre y para siempre tu dulce recuerdo.
Gracias madre, gracias por estas dos manos mías con las que abro camino y siembro futuro.

Dedicada a mi amigo Jorge Contreras, quien recientemente perdiera a su madre

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