Por la ventana abierta de mi invierno entró una suave y cálida brisa, moviendo las hojas secas colgantes, de mis recuerdos... y esa brisa eras tú.
Tu que dejaste de soplar tu viento cálido hace ya tánto tiempo, tú que me acariciaste como la lluvia de primavera, tú que a mi vida le diste la ilusión primera, tú que sigues apareciendo enmedio de la noche blandiendo tu espada devastadora de mis sueños.
La otra noche, sumergido en la madrugada, sentí un cálido y delicado abrazo en mi espalda; y ése abrazo furtivo bajo mis sábanas eras tú.
Recorro los paso que dejaste regados por doquier, volteo a mirar tus ojos en la acera que te escuchó, alcanzo a tu sombra a doblar la esquina que te vio cruzar.
Vuelvo a repasar en un murmullo todas las palabras que te regalé envueltas en ardientes besos y cubiertas por el ritmo de los grillos de la noche.
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