
Si pudiera volver a aquellos días en que éramos apenas un poco más que dos extraños y disfrutábamos de nuestras mutuas y cómplices miradas , seria muy felíz. Si pudiera volver a tenerte entre mis brazos; si viajara hasta aquel primigenio día en que nos besamos por primera vez volvería a ser dichoso. No sé por qué no he podido olvidarte; será que nuestras almas se mezclaron como dos nubes blancas, será que éramos tan parecidos uno al otro, o será que ya estoy demasiado viejo y te tomé demasiado en serio. No eres un mal del que me arrepienta, no eres una cárcel de la que quiera escapar. Sucede que este amor moribundo se resiste a morir. Algunas noches no duermo y me duele la memoria de tánto pensar en tí. Algunas veces ya no sé ni qué escribir para aliviar mi soledad (como ahora); algunas veces siento miedo e impotencia de estar para siempre sin tí; algunas veces, revuelto en mi lecho y perdido en la avidez de tus caricias quisiera vehementemente que existieran las píldoras para olvidar.
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