lunes, 27 de abril de 2009

EL AMOR EN TIEMPOS DE LA INFLUENZA





Hay amores que nacen con su buena estrella apuntando al norte, amores que nacen, crecen e incluso mueren en su debido momento... (y es válido). Hay otros amores que nacen pero se quedan en la etapa uterina, nunca llegan a ser lo que su sangre les dicta; fetos de su herencia, mueren prematuramente sin dejar huella en el mundo. Pero este amor que ls contaré es un amor desafortunado, uno que nació en muy mal lugar y momento. Nació salvaje y casi al azar, como suele germinar una semilla de Diente de León que es llevada por el viento hasta muy lejanas tierras fértiles. La delicada y pionera semilla voló más allá de las nubes y cayó en un territorio desconocido y excitante. Rápidamente echó raíz fijándose al suelo. Tímidamente apuntó al cielo y empezó a crecer haciendo derrohe de fuerza y deseo de amar. Por su misma naturaleza no era capaz de ver más allá de los prados cercanos. No sabía que había germonado en tiempo de tormenta. Negros nubarrones montados por el espíritu del viento norte marcaban jirones mortales en el cielo. La frágil semilla seguía su subida espiral al cielo sin percatarse de la terrible aparición sobre su día felíz. Y a cada suspiro de la tierna semilla el pavoroso espíritu sonreía malévolo y cruel confiado en lo glacial de su aliento. El amor de corto entendimiento era felíz en su locura. Asi es el amor de las esquinas, de las aulas, de los rincones inesperados, que nacen y se aferran sin temor al viento del norte. Su pujanza es más fuerte que su miedo... pero definitivamente nacen en mal momento. Una sombra colosal y asesina se cierne sobre sus ronroneos amorosos y amenaza arrancarlos de un solo golpe desde su raíces.

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