
Muerte ladrona, ¿porqué hasta ahora que he pasado toda mi vida aprendiendo a vivirla, y que ya soy diestro en las cosas del mundo te me acercas tan atrevida y sugestiva? Siempre fuiste mi destino, pero te olvidaba completamente en mis profanos brindis con risas, penas, victorias, los besos sedientos de alguna mujer. No me apena que te asomes curiosa al final de mi senda, ni tu sonrisa horrible sin labios; me apena el hecho de que luego de esperar al definitivo amor, no pueda librarme de acabar asido a tu huesuda mano.
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